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Lorena Jiménez, presidenta de Coparmex Querétaro

Ningún delito en México crece a la tasa que lo hacen los feminicidios, y ninguno parece importarnos menos como sociedad. Como lo expresaba Raymundo Rivapalacio el martes pasado, no está claro cuántos verdaderamente nos sentimos sacudidos por el caso de Fátima, y cuántos dan vuelta a la hoja tan fácilmente, acostumbrados ya a una programada indiferencia que responde al crecimiento potencial que ha tenido la inseguridad en el país.

Decía la reportera Karla Iberia Sánchez en un tweet claro y crudo que México olía a bestias, y exactamente así lo percibo. Bestias que asesinan, que maltratan y mutilan al amparo de un sistema de justicia que deja impunes a 9 de cada 10 agresores. Bestias que retratan al peor de los Méxicos, donde el 50 por ciento de los asesinatos a mujeres han sido perpetrados por sus parejas, y 30 por ciento de estos ocurren dentro de su hogar. Bestias que cometieron 976 feminicidios en 2019 y que han cometido al menos 265 en los 50 días que van de 2020. Bestias que se han encargado de duplicar la tasa de feminicidios en tan solo 4 años, al pasar de 0.7 a 1.48 por cada 100 mil mujeres. Bestias que contribuyen al horror colectivo, al crear también la estadística de una menor de edad asesinada cada tercer día.

Pero esta bestialidad no reconoce fronteras y no es causa de un “modelo económico”. De acuerdo a ONU Mujeres 14, de los 25 países con mayor violencia contra las mujeres se ubican en América Latina con El Salvador y Honduras a la cabeza, y nuestro país en la posición 23. El resto son principalmente africanos o ubicados en la región ex soviética (Kasajistán, Bielorrusia, Letonia, Ucrania y Lituania). No hay altos índices de feminicidio, en Estados Unidos, Canadá o Europa, en donde el “modelo neoliberal” ha imperado en las últimas 3 décadas.

A nivel local también hay matices relevantes. Las tasas delictivas contra las mujeres son mas altas en Veracruz, Morelos, Nuevo León y Sinaloa, y significativamente más bajas en Yucatán y Baja California Sur de acuerdo a la información del Secretariado Nacional de Seguridad Pública. Querétaro se ubica en la posición 22 a nivel nacional, con una tasa de 0.64 asesinadas por cada 100 mil. Y si bien el dato no disculpa a ninguna administración estatal de su rol fundamental de procurar y garantizar la seguridad a todas las mujeres y niñas, si refleja ecosistemas distintos y reacciones distintas al fenómeno de la violencia en el país.

Por ello, y para superar la frustración que los datos nos han dado, en Coparmex hemos propuesto un decálogo de acciones concretas y urgentes contra feminicidios y violencia hacia las mujeres que busca crear y fortalecer las capacidades institucionales:

  1. Reconocer los hechos, no evadirlos. Requerimos una ruta clara de acción y políticas públicas que atiendan los múltiples factores que generan la violencia. Requerimos un discurso empático, humilde, responsable. Debemos transitar del discurso del gobierno víctima al gobierno pro activo y de resultados.

  2. Establecer una Alerta Nacional de Género.

  3. Homologar el tipo penal del feminicidio en todas las entidades federativas con

    la finalidad de establecer la misma figura jurídica.

  4. Generar un mecanismo de coordinación interinstitucional de respuesta inmediata que atienda desde la primera denuncia, y que permita fortalecer los mecanismos de denuncia y dé seguimiento y atención oportuna a las víctimas.

  5. Crear una partida presupuestal federal que permita capacitar personal de fiscalías y juzgados en la materia.

  6. Contar con juzgados especializados en violencia de género.

  7. Reincorporar los subsidios directos a los refugios de mujeres violentadas y sus

    hijos que fue eliminado del presupuesto por la actual administración federal.

  8. Establecer un mecanismo de coordinación entre autoridades y sociedad civil, que dé potencia a las alertas y llamadas de auxilio.

  9. Sancionar a los medios de comunicación que revictimicen a las mujeres o niños

    asesinados a través de la publicación de imágenes.

  10. Apoyar presupuestalmente la creación de redes de apoyo ciudadano y de sociedad civil organizada que contribuyan a la recuperación y fortalecimiento del tejido social.

No podemos demandar menos, no podemos complacer nuestra frustración con indiferencia. No podemos caer sólo en la ira social. Vamos a darle cauce a esa indignación. Vamos a exigirle fuerte al gobierno, pero vamos planteando también nuestra propia ruta ciudadana de cambio en positivo y de bienestar para todas las mujeres.